top of page

El miedo al conflicto, el mito de la estabilidad

  • 26 may
  • 3 min de lectura

El principal conflicto interno que tenemos es creer que uno no debe tener conflictos. Cuanto nos cuesta aceptar que estamos mal, ¿Qué es lo grave de estar mal? Sí, estoy mal; lo acepto. Ya llegarán tiempos mejores. Es bueno rendirse a la realidad, no resistirse más al oleaje, simplemente es parte del proceso en nuestro aprendizaje.


Tenemos tantos mitos y creencias acerca de la estabilidad y lo que ella representa en nuestras vidas, la incansable búsqueda de la seguridad y la certidumbre no es sino una máscara muy bien construida por el gran artífice de la mentira, el ego y esa máscara llamada: Apego a lo conocido, esa es nuestra zona de confort, cuando algún evento nos saca de ahí, esto nos genera mucha angustia y ansiedad, suponiendo lo que pudiese ocurrir.


¿Qué significa para nosotros esto?, inmediatamente tendríamos que relacionarlo con pasado, la cárcel del condicionamiento.


Si en este momento decidiste elegir el seguir un camino espiritual para crecer y piensas que recorrerlo te va a evitar el conflicto en tu vida, entonces con todo respeto estás pensando de forma errónea.


¿Por qué tememos tanto al conflicto? Porque creemos erróneamente que seguir un camino bien enfocado nos va a traer siempre estabilidad.


Voy a usar un pensamiento de ese extraordinario ser, Tony de mello, autor del libro: Ligero de equipaje: “lo que no aceptas no puedes cambiarlo, simplemente te las ingenias para reprimirlo”.

La resistencia y la negación al conflicto vienen de nuestra tendencia habitual de juzgarlo todo, censuramos, criticamos, dictamos sentencia condenatoria, interpretamos.


Este proceso es más o menos así, si tengo conflicto es que no lo estoy haciendo bien, no estoy tan evolucionado como creía, lo cual me hace sentir mal y como tengo terror a sentirme mal, de no poder aceptarme, lo niego, lo rechazo, lo suprimo.


Pero como además no quiero verlo ni reconocerlo en mí, lo proyecto en otros. Los otros son los que están mal, son la base de mis rollos, cuando este que yo creo es el causante de todos mis males y angustias, salga de mi vida, seguro voy a estar mejor.


Tu negación no te dejará verlo y estarás pendiente del más mínimo detalle para no darte cuenta de ti desahogando tu rabia en el otro, realmente la rabia no es con el otro es contigo. Trabaja tu honestidad, eso es parte fundamental en este proceso porque decir la verdad es una obligación moral y decirla sin herir al otro es una obligación espiritual.


¿Y sabes por qué hacemos esto? Por miedo. Miedo al conflicto que no nos permite ser capaces de decir lo que realmente sentimos, lo disfrazamos, nos llenamos de rencor y rabia para después movidos por esa energía que tenemos guardada in crescendo arremeter contra el otro que supuestamente es el generador de todo lo que me ocurre.


Algunas personas niegan el conflicto, otras intentan eliminarlo con rabia, con impaciencia, con desesperación, pero la sombra está allí y no desaparece.


¿Qué podríamos que hacer? Tal vez te ilustre de forma muy gráfica un pensamiento de Emmanuel, autor de: En las fuentes de la vida: ”Intenta comprender tus sentimientos negativos como una madre amante comprendería a un hijo confundido y asustado”. Si no comprendemos nuestras facetas más oscuras, nos hundimos cada vez en el pozo profundo del juicio condenatorio, en la dualidad. Ahí es justamente donde se gestan el miedo, la culpa y el resentimiento, que son las grandes enfermedades del alma.


Vivir es una gran aventura que nos enseña que el sufrimiento que padecemos no es otra cosa que resistencia a aprender, a cambiar y sí lo padeces revisa en ti cuál es tu resistencia a la realidad.

¡Acepta lo que viene! y tu forma de reaccionar frente a esto. Ríndete a la realidad que tú has creado. Nadie es más responsable que tú de esa creación.


Observa con amor, compasión, misericordia e inocencia, mira sin censurar. Aceptar, comprender e integrar son palabras claves para disolver el conflicto. Y luego actuar. Lo único constante en el universo es el cambio. Recuerda que todo lo que no cambia está muerto, inerte, estancado. Nada puede florecer, transformarse si muere.


Vimala Tacar, dice:” Cuando te atreves a tener una interacción con la vida sin ninguna protección, sin ninguna inhibición, entonces tiene lugar el aprendizaje, el descubrimiento personal. El crecimiento trastoca el equilibrio”.


Si la búsqueda es honesta siempre llegamos a puerto seguro, al mismo sitio: El centro de tu ser, al único lugar donde vale la pena llegar. Lo interesante es despejar los caminos que nos conducen allí, como radios de una rueda de bicicleta que se unen en el centro y que provienen de distintos aspectos de la realidad.

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page